Tras la Revolución de Terciopelo, Havel pasó de disidente perseguido a presidente de Checoslovaquia y luego de la República Checa, sin abandonar su vocación intelectual. Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Sájarov del Parlamento Europeo y el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional. Su legado une ética, política y literatura con una coherencia poco común.
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