Reseña del libro "El artista replicante"
Una tarde lluviosa, en un pueblo de la costa malagueña a mediados de los años 90, Guillermo, propietario del bar La Piragua, entabla conversación tabernera con Alterio, un pintor que se gana la vida vendiendo copias de una sola obra a los turistas que por allí pululan. Alterio, cual Ulises guanche, comienza su narración en El Tanque, aldea tinerfeña que lo vio nacer, donde huyendo de un fatal destino se embarca en una larga travesía hacia la península para buscar a su hermano desaparecido desde que él era niño. Así, a lo largo de su viaje, junto a letras de boleros, coplas, tangos y canciones pop, amén de Módulos, Triana y Golpes Bajos, entre otras músicas que acompañan su camino, Alterio, al contrario del héroe griego, no enfrenta monstruos, ni brujas, sino marineros hermosos y rubios como la cerveza que lo ayudan en su periplo, hechiceras que lo transforman en pintor, bellas sirenas cantarinas sin cuerpo de pez que lo inician en el amor o princesas que comparten su peculiar odisea. Mujeres sabias y fuertes conforman su identidad y el universo conspira a su favor mediante tentadoras promesas de un futuro esplendoroso aunque incierto. El tabernero, inmerso en una vida sin grandes aspavientos, escucha las experiencias y placeres que el pintor describe con gran lujo de detalles, haciéndolas suyas en ocasiones incorporando sus propias opiniones a pie de mesa entre trago y trago de ron pálido. Durante el viaje, Alterio trata de encontrar su propia voz permitiéndose vivir con la intensidad, la pasión y el propósito que el hado pone en su camino, sin perder el espíritu guanche que lo acompaña desde que abandonóTenerife. ¿Lo consigue o no? A Guillermo le ha llevado cinco intensas jornadas averiguarlo.