Reseña del libro "Cartagena de siempre (en Inglés)"
Este libro no existe. Aquí hay paredes, carcajadas, hay tristezas y ensueños, tal vez haya huracanes. Pero lo cierto es que son los fantasmas de Rulfo los que ríen, los que saludan, los que bailan merecumbé, los que estornudan. Y no hay páginas ni olores ni historias ni palabras. Hay un recuerdo nítido que ve a la mujer reírse, al hombre tocar el clarinete, a la vieja estar triste, al coche dejar un pasajero. De tal manera, Cartagena es un catálogo de emociones que vuelven sobre la piel y traen de regreso el sol poniente, un abrazo furtivo, un beso que no se olvida, la luna llena de las 12 del día, la brisa por la calle que arrastra porros y que arrastra polleras, oficinas de gentes con portafolios, sombra bajo los árboles. Cartagena está aquí, aquí están su calor, olor, sabor, humor y amor de siempre, cada página que se dobla es un esquina, cada fotografía una memoria más, una emoción profunda, cada palabra una forma de ser otra vez sobre la playa, más allá de la brisa, la risa y la sonrisa, cada imagen un recuerdo voraz que no da tregua, que regresa, que vive entre el corazón y los sentidos. Este no es, entonces, un libro de Cartagena, sobre Cartagena. Esta es la misma Cartagena de Siempre, la ciudad que se inventó Hernán Díaz, la que cada uno construye en su memoria. Este libro la recupera a partir de los álbumes y, sin maquillaje de ninguna especie, la vuelve a colocar sobre la mesa, la hace profunda —como es— y diversa, la convierte en motivo de reflexión, un poco más allá de las escenas de playa, un poco más acá del atafago, tal vez en el punto exacto donde volvemos a estar con nosotros mismos frente al inmenso mar donde se oculta el sol mientras a lo lejos, después del horizonte, se oyen ruidos de fiesta de Fellini que no nos dicen nada, a nosotros, sumidos en la emoción de ser y estar, de vivir otra vez y aquí en Cartagena.