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portada El Hombre de la Máscara de Hierro
Formato
Libro Físico
Editorial
Año
2002
Idioma
Español
N° páginas
488
Encuadernación
Tapa Blanda
Dimensiones
21 x 14 cm
ISBN13
9788496040182
Editado en
España

El Hombre de la Máscara de Hierro

Alejandro Dumas (Autor) · Vision Libros · Tapa Blanda

El Hombre de la Máscara de Hierro - Alejandro Dumas

5 estrellas - de un total de 5 estrellas 1 opinión
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Reseña del libro "El Hombre de la Máscara de Hierro"

Al llegar la carroza ante la puerta primera de la Bastilla, se paró a intimación de un centinela, pero en cuanto D'Artagnan hubo dicho dos palabras, levantóse la consigna y la carroza entró y tomó hacia el patio del gobierno. D'Artagnan, cuya mirada de lince lo veía todo, aun al través de los muros, exclamó de repente: ––¿Qué veo? ––¿Qué veis, amigo mío? ––preguntó Athos con tranquilidad. ––Mirad allá abajo. ––¿En el patio? ––Sí, pronto. ––Veo una carroza; habrán traído algún desventurado preso como yo. ––Apostaría que es él, Athos. ––¿Quién? ––Aramis. ––¡Qué! ¿Aramis preso? No puede ser. ––Yo no os digo que esté preso, pues en la carroza no va nadie más. ––¿Qué hace aquí, pues? ––Conoce al gobernador Baisemeaux, ––respondió D'Artagnan con socarronería: ––llegamos a tiempo. ––¿Para qué? ––Para ver. ––Siento de veras este encuentro, ––repuso Athos, ––al verme, Aramis se sentirá contrariado, primeramente de verme, y luego de ser visto. ––Muy bien hablado. ––Por desgracia, cuando uno encuentra a alguien en la Bastilla, no hay modo de retroceder. ––Se me ocurre una idea, Athos, ––repuso el mosquetero; –– hagamos por evitar la contrariedad de Aramis. ––¿De qué manera? ––Haciendo lo que yo os diga, o más bien dejando que yo me explique a mi modo. No quiero recomendaros que mintáis, pues os sería imposible. ––Entonces?... ––Yo mentiré por dos,, como gascón que soy. Athos se sonrió. Entretanto la carroza se detuvo al pie de la puerta del gobierno. ––¿De acuerdo? ––preguntó D'Artagnan en voz queda, Athos hizo una señal afirmativa con la cabeza, y, junto con D'Artagnan, echó escalera arriba. ––¿Por qué casualidad?... ––dijo Aramis. ––Eso iba yo a preguntaros,––interrumpió D'Artagnan. ––¿Acaso nos constituimos presos todos? ––exclamó Aramis esforzándose en reírse. ––¡Je! eje! ––exclamó el mosquetero, ––la verdad es que las paredes huelen a prisión, que apesta. Señor de Baisemeaux, supongo que no habéis olvidado que el otro día me convidasteis a comer. ––¡Yo! ––exclamó el gobernador. ––¡Hombre! no parece sino que os toma de sorpresa. ¿Vos no lo recordáis? Baisemeaux, miró a Aramis, que a su vez le miró también a él, y acabó por decir con tartamuda lengua: ––Es verdad... me alegro... pero... palabra... que no... ¡Maldita sea mi memoria! ––De eso tengo yo la culpa, ––exclamó D'Artagnan haciendo que se enfadaba. ––¿De qué? ––De acordarme por lo que se ve. ––No os formalicéis, capitán, ––dijo Baisemeaux abalanzándose al gascón; ––soy el hombre más desmemoriado del reino. Sacadme de mi palomar, y no soy bueno para nada. ––Bueno, el caso es que ahora lo recordáis, ¿no es eso? ––repuso D'Artagnan con la mayor impasibilidad. ––Sí, lo recuerdo,––respondió Baisemeaux titubeando. ––Fue en palacio donde me contasteis qué sé yo que cuentos de cuentas con los señores Louvieres y Trem-blay. ––Ya, ya. ––Y respecto a las atenciones del señor de Herblay para con vos. ––¡Ah! ––exclamó Aramis mirando de hito en hito al gobernador, ––¿y vos decís que no tenéis memoria, señor Baisemeaux?
Alejandro Dumas
  (Autor)
Ver Página del Autor
Alexandre Dumas es uno de los autores más prolíficos y populares de Francia. Nació en 1802 en la ciudad de Villers-Cotterets, y pronto se trasladó a París para trabajar como secretario del Duque de Orléans. Allí, completó su formación de manera autodidacta y empezó a interesarse por la escritura.
Comenzó escribiendo obras teatrales, y después pasó a los poemas y los relatos largos. Sin embargo, su verdadero éxito no llegaría hasta 1844, año de lanzamiento de la obra que supondría su salto a la fama: Los tres mosqueteros. La publicación por folletines de esta novela trajo consigo una suma ingente de dinero para Dumas, pero también supuso incontables horas de trabajo, muchos colaboradores y la producción de hasta ochenta entregas para cubrir la demanda del público, que no paraba de crecer.
Tras la publicación de Los tres mosqueteros y El conde de Montecristo, Dumas amasó una gran fortuna. Sin embargo, su carácter hedonista lo llevó a despilfarrar todo lo que había ganado y pronto se vio obligado a exiliarse en Bélgica para huir de sus acreedores franceses.
El conde de Montecristo, la cumbre de la narrativa del autor, está considerada como una de las grandes novelas de aventuras de todos los tiempos.
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Opiniones del libro

Osvaldo Quiroz Miércoles 20 de Mayo, 2020
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